Las pallozas son construcciones circulares de piedra, con cubierta cónica de paja de centeno, de origen prerromano (por la forma y los materiales, similares a los utilizados hace más de 20 siglos).
Son casas que se adaptaron al estilo de vida de las personas que las habitaron y al propio medio de una forma totalmente armónica. Mantienen una temperatura interior constante y están distribuidas en función de las necesidades de la familia que vivía en ellas. Mantener la temperatura entre los 15 °C y los 18 °C tanto en invierno como en verano es posible gracias a la capa de medio metro de paja que recubre el techo, que es además impermeable y aislante.
Los techos tienen mucha inclinación para que no se acumule la nieve encima y no tienen chimenea para evitar los incendios.
La distribución interior de todas las pallozas era muy similar, dictada por la lógica y la experiencia: la cocina y el horno en el centro, ya que es la zona con mayor altura; la zona de dormir encima de la cuadra de las vacas para aprovechar el calor; y el dormitorio junto a la puerta de entrada.
Actualmente la Palloza Museo es la única visitable que mantiene la estructura interior sin modificaciones ni alteraciones.
El mayor reto al que se enfrentan las pallozas en la actualidad es el mantenimiento de su techo de paja. Se trata de paja de centeno cortada manualmente, trillada y seleccionada. Debido a las grandes dimensiones de la cubierta, cada año se debe renovar un trozo de ella (unos 20 metros cuadrados), para garantizar así su conservación.
La paja cumple una función muy importante en la vivienda como aislante térmico, que permite que la temperatura interior resulte agradable, dejando a su vez salir entre ella el humo de la cocina, que también la protege.
En el museo existen distintas herramientas y aparatos que fueron usados por la familia, pero lo más importante es el propio edificio, una palloza, que fue la vivienda habitual de los propietarios hasta el año 1970.
Es imposible precisar la época exacta de la construcción de la casa así como la del asentamiento humano en Piornedo. Se supone que las casas en un inicio eran más pequeñas y que se irían haciendo ampliaciones sucesivas en distintas épocas hasta llegar a las dimensiones actuales.
Las pallozas se consideran la herencia más directa de las viviendas castreñas ya que están construidas con los mismos materiales (pared de piedra, armazón de madera y cubierta de paja) y con una disposición interior similar a ellas. Se podría decir que representan la evolución de los castros, pues con respecto a estos aumentó el tamaño y mejoró la distribución interior. Esta evolución debió estar condicionada por el paso del tiempo y por la adaptación de la vida a las condiciones climáticas de la alta montaña.
Una de las referencias documentales más antiguas del lugar es el Catastro del Marqués de la Ensenada, que las denomina «pajazas». Este documento menciona las pallozas que existían en Piornedo en el año 1750, así como las personas que habitaban en cada una de ellas y sus dimensiones, que rondan las ocho o nueve varas de frente por otro tanto de fondo.
El documento más antiguo que tenemos de la Casa do Sesto es el testamento de Pedro Alonso en 1773 en el que le lega a su hijo Santiago Alonso su patrimonio. Entre este patrimonio destaca una casa de nueve varas de frente por nueve de fondo, pero desconocemos las dimensiones de la vara que utilizaron para las mediciones.
La Casa do Sesto estuvo habitada hasta 1970 y desde ese año hasta 1989 fue utilizada como cuadra para el ganado y como dependencia auxiliar para trabajos agrícolas, pero se mantuvo su distribución interior original. En el año 1989 construimos una cuadra moderna al lado, por lo que la palloza perdió esa funcionalidad.
En abril de 1989, después de un importante trabajo de limpieza y de organización de los distintos espacios, con un total respeto a su uso original, se abrió al público el museo con dos objetivos fundamentales: por un lado que los visitantes pudieran conocer este tipo de viviendas y la forma de vida de las familias en esta zona de alta montaña, y por otro que los ingresos de la venta de entradas pudieran servir para mantener y conservar el inmueble.
En el año 2008, la Casa do Sesto obtuvo el reconocimiento de la Xunta de Galicia como colección visitable, de contenido etnográfico, al amparo de lo dispuesto en la Ley 8/95 del patrimonio cultural de Galicia, avalada por el Consello da Cultura Galega y por el Museo del Castro de Viladonga.